lunes, 22 de marzo de 2021

Reto Mariquita - Letras 2020

Son las 4:00 de la madrugada del domingo 26 de enero de 2020. Mariquita, Tolima. Nos encontramos más de 5 mil amantes del ciclismo prestos para iniciar uno de los ascensos en bici más famosos de Colombia y que ha venido tomando mucha fuerza los últimos años.
Me despierto (bueno, realmente no sé si dormí por la ansiedad) y empiezo a ponerme “la pinta”. Badana larga, medias, zapatillas, guantes, casco y el jersey oficial del evento; en esta locura, me acompañan mi madre y mi amada novia. Desayuno algo ligero, un poco de avena con banano, galletas y atún nos dará la energía para comenzar. Clave la cena de la noche anterior, un plato grande de pasta que nos carga de buenos carbohidratos para lo que se viene.

Saliendo del hotel



5:05 am. Salimos del hotel hasta la vía principal para luego iniciar el camino. Nos encontramos con Lester, la persona que contactamos previamente y conducirá el vehículo que me acompaña y donde va mi familia. Bajo la bici del rack, me abrocho el casco, un poco de calentamiento previo, activo mi Strava y a rodar se dijo!
Calentando para iniciar el recorrido


5:30 am. Voy pasando por el Km 0 del ascenso (470 MSNM), justo en el puente sobre el Rio Gualí. La cantidad de ciclistas es enorme. Esta es la hora oficial de salida del evento, desde la plaza principal de Mariquita pero yo salí desde antes para “ganar tiempo”, además el hotel donde nos alojamos estaba al otro extremo.


5:50 am. El cielo empieza a aclarar un poco y después se empiezan a ver los primeros rayos de sol. Este ascenso inicial se torna un poco pesado, mi idea es rodar en una relación suave que me permita subir tranquilo. Mi bici de MTB es una GW Piranha, a la que le puse llanta para carretera. Logro conectar con alguien que lleva un ritmo muy parecido al mío; iniciamos una charla para entretener la subida, que por cierto, es bien empinada.
El tipo es del Valle, caleño, trabaja con una empresa de vigilancia; vamos intercambiando ideas, opiniones, cifras.... en fin.  




7:30 am. Entramos a Fresno, Tolima (Km 22,4 - 1.450 MSNM). Nos recibe una alegre comitiva, repartiendo bolsas de agua a los deportistas; recibo un par, destapo una y me refresco, la otra la guardo en mi camellback. Seguimos ascendiendo. El caleño con el que venía se pierde entre la multitud.



9:10 am. Llego al sector conocido como Petaqueros (Km 37 - 2.005 MSNM). En este punto tenía planeado desayunar y así lo hago. Chorizo, arepa, pandebono y un buen chocolate caen de perlas; hay que recargar energías para lo que sigue.



9:45 am. Paso por Padua, afrontando esa larga subida de casi un kilómetro con inclinación máxima del 10%. Sigo al mismo ritmo con el que vengo desde el inicio, plato pequeño, piñones 3,4, o 5 dependiendo del terreno.

11:00 am. Mesones. (Km 48,5 - 2.330 MSNM). En una ligera bajada veo la figura de alguien conocido; giro mi cabeza para saber quien es y oh sorpresa! es Andrés, quien fuera compañero de trabajo cuando viví y y trabajé en Bogotá hace ya 9 años. Nos saludamos y vamos conversando un poco; En este punto del ascenso cae muy bien entretener la mente así sea "hablando paja".
Andrés va en una bici de ruta, por lo que al cabo de varios cientos de metros me empiezo a rezagar, un poco más arriba del sector conocido como Mesones. No nos volvemos a ver.




12:15 pm. Delgaditas. (Km60 - 2.623 MSNM)
Uff, llego al sector llamado Delgaditas y atrás ya quedaron 60 kilómetros de recorrido; restan solamente 20 kilómetros, los más duros del trayecto. Ingreso a una pequeña tienda al lado de la vía (que está abarrotada de ciclistas) para entrar al baño y refrescarme un poco.
En este punto ya se siente bastante el cansancio de las piernas y la fatiga general; decido quitarme el camellback de la espalda para subir mas cómodo y ligero.  Abro un paquetico de maní y una barra de granola; esta debe ser como la cuarta o quinta parada que hago en el recorrido.
Luego de descansar y tomar un nuevo aliento, me motivo mentalmente para lo que sigue.

1:50 pm. En algún lugar cerca de Cerro Bravo. 
Hago mi última parada del recorrido. Desde hace ya varios cientos de metros se ven ciclistas a lado y lado de la vía tomando un respiro, y no es para menos. A esta altitud y después de recorrer más de 65 kilómetros las fuerzas escasean y lo único que queda es la fuerza mental, las ganas y el corazón para llegar a la anhelada meta.




3:00 pm. A falta de 6 kilómetros de meta logro coronar la subida a Cerro Bravo. Gracias a Dios el clima está espectacular, ya se empiezan a ver carros bajando, de regreso a Mariquita, pues la vía estaba cerrada por el evento, hasta la 1 pm.
Esos mismos carros, de ciclistas y acompañantes que ya cumplieron con la cita, nos motivan con sus pitos, bocinas y gritos a seguir adelante. Hay un ligero descenso que tomo suavemente para sentir en la cara la fría brisa paramuna y la sensación de gozo empieza a surgir. Nos queda el último repecho, de unos 5 kilómetros.
Coronando Cerro Bravo



En este último repecho el trancón es monumental, pues los carros de los acompañantes están represados en la llegada y avanzan muy lentamente. Me toca esquivar los carros, por la derecha, por la izquierda, ir zigzageando entre los vehículos para poder avanzar. 

3:30 pm. Alto de Letras. (Km 80 - 3.660 MSNM)
Hp!! llegamos!! que felicidad!! Gracias Dios mío por permitirme vivir esta experiencia!! Esto es como un sueño, no me lo termino de creer!
Casualmente, entre tanta gente, me encuentro con Juan David, un vecino del barrio; compartimos brevemente la experiencia y nos subimos al "morro" para tomarnos la foto al lado de la valla del gran Nairo Quintana, como queriendo certificar este gran logro con la frase que reza dicha publicidad: "Coroné el Alto de Letras".




Y bueno, este fue un resumen de lo que fue esta hermosa experiencia. Que si la repetiría? Indudablemente, sí, totalmente recomendada. Como siempre lo he dicho, los límites están en la mente.




Para terminar, sólo algunos datos para la estadística:
  • Tiempo total del recorrido: 10 h 19 m
  • Tiempo en movimiento: 9 h 2 m
  • Total participantes: 5.500 *
  • Menor tiempo: 3 h 52 m *
  • Mayor tiempo: 14 h 12 m *
  • Tiempo promedio: 7 h 10 m *
*Datos provistos por Retos MTB Colombia


sábado, 11 de abril de 2020

Subiendo el Alto de la Linea

Este post lo tenía pendiente de escribir hace bastante tiempo y como dice el dicho “a todo marrano le llega su diciembre”.

Uno de los puertos más míticos de Colombia es el Alto de la Línea; desde niño sentía curiosidad por conocer dicho puerto y no fue sino hasta que realicé, por cuestiones de trabajo, un viaje por tierra a la ciudad musical (es decir, Ibagué) donde pude conocer la ruta que conecta a Calarcá con Cajamarca.

Quedé sorprendido de ver la pronunciada pendiente de varios tramos en el ascenso y las cerradas curvas de herradura. Desde aquel día me dije que algún día escalaría ese puerto. Transcurría el mes de septiembre de 2016.

Y sorpresivamente, fue el año siguiente que me di cuenta que la Federación de Ciclismo del Quindío estaba programando el evento “Gran Cima Alto de la Linea” y, sin dudarlo, me inscribí “en el acto” (bueno para ser sincero me lo pensé unos días antes de tomar la decisión). Luego a buscar hotel y hacer la reserva respectiva, creo que faltaban unos cuatro meses para el evento.

Entre septiembre y octubre de 2017 inicié la preparación física y mental; rutinas en gimnasio, visualización mental, análisis técnico de la ruta (muy buen recurso es altimetriascolombia.blogspot.com), entrenamiento en carretera, revisión de videos en youtube del ascenso, etc. Agradezco a Daniel Londoño, compañero de colegio y que ahora trabaja como profesor de gimnasio en Confa, por sus consejos.

Y así se llegó el esperado día. Domingo 19 de noviembre de 2017. La salida programada a las 7:00 am en Calarca. Teníamos como tres o cuatro horas para subir y regresar pues ese era el tiempo permitido por la Policía de Carreteras en el cual la vía estaba cerrada para vehículos.

Ese domingo amaneció muy frio, llovió toda la noche. Y no pude dormir bien. En el hotel en Calarcá nos asignaron una habitación en el primer piso, cerca de la recepción; me pareció “fabuloso”; No se imaginan lo molesto que fué. Primero, durante toda la noche llegaron visitantes y turistas, la mayoría también iban a participar del evento. Segundo, el man de la recepción solicitando domicilios para los huéspedes: “hamburguesa sin cebolla y papas fritas”, “perro caliente con todo”. Para agravar el asunto escuchábamos "patentico" todo lo que ocurría afuera. Intentamos un cambio de habitación pero infortunadamente no fue posible. Aparte de eso, la ansiedad que no falta antes del evento también hizo que no pudiera dormir bien.

Ciclistas que calientan un poco antes de la partida


6 am. Ya estaba saliendo del hotel rumbo a la plaza principal del pueblo, como a cuatro cuadras. Caía una llovizna que hacía dudar del arranque del evento, sin embargo fue amainando un poco. Ví a un ciclista escurriéndose las medias pues estaba completamente empapado. Le pregunté de donde venía y me dijo -con voz temblorosa- "desde Circasia". Se chupó toda el agua el pobre.

Esperando la partida

Nos juntamos más de 300 ciclistas, tratando de calentar un poco el ambiente, unos con bici de ruta y  otros -como en mi caso- con bici de montaña. Se dió la partida con un poco de retraso y fuimos saliendo del pueblo por calles coloridas aunque mojadas. Inició el ascenso casi de inmediato, pues para quienes no conocen, al tomar la carretera prácticamente ya arranca la subida.

La selfie antes de salir

Empecé a escalar suavemente, bueno, en realidad toda la subida la hice con un ritmo que me permitiera sentirme cómodo y a la vez que estuviera dentro del tiempo límite del evento, pues ya sabía de antemano las rampas que se avecinaban.

Poco a poco fui subiendo, kilómetro a kilómetro hasta llegar al primer punto de hidratación; agüita, bocadillo, un corto descanso y a seguir dando biela.
Después del kilómetro diez empezaron las rampas más duras del 10% y 11%. Iba subiendo en compañía de otros ciclistas, hombres y mujeres, éstas por cierto muy "berraquitas".
Recuerdo que durante un tramo largo estuve junto a una chica que iba en una bici de ruta. "De donde eres?" -le pregunté-. "Vengo de Bogotá" -fue su respuesta-. 

En este tipo de eventos se encuentra uno con gente de una gran "calidad humorística". Muy arriba me pasan un par de ciclistas y le dice el uno al otro: "Como estoy?" -aludiendo a su capacidad física- y el otro le responde "muy lindo papi, lástima que yo ya esté casado". Por supuesto, eran amigos.

Cada vez más arriba el frío era mayor, más neblina y un poco de llovizna. Empezaron a llegar "chismes" de que la meta la habían recortado, es decir, de que ésta ya no era en la cima sino unos kilómetros antes. Al parecer hubo un derrumbe que obligó a las autoridades a proceder con el cambio de sitio de llegada.

"Falta mucho para llegar a Ibagué?", "ya vamos a llegar a Pasto?" decían otros escarabajos con un tinte jocoso. Y entre chanza y chiste se hizo entretenida la trepada.

Cuando empecé a ver ciclistas ya bajando, varios de ellos con propósito de "ayudar"y de dar ánimo a quienes aún no habiamos coronado, decían "ya van a llegar", "faltan 3 kilómetros", "faltan 2 kilómetros"... escuché varias veces lo mismo y nada que llegaba a la meta, al punto de creer que "estos manes están es cañando, jajajaja".
Me dió mucha risa cuando un pelao de unos 18 años, ya bajando, nos dice "allá dejamos un pionono pago". 

Segundo punto de hidratación; decidí no parar y más bien continuar pues me sentía bien e iba con buena provisión de comida -maní, bocadillo, barras de cereal y el "milagroso" gel energético-.

Llegué a un sitio donde había un camión repartiendo agua en bolsa y una gran agrupación de ciclistas, me dije "vengo bien y quiero continuar", entonces seguí de largo. Al rato me di cuenta que ya no subía nadie más, o mas bien subían muy pocos, menos que antes y me alcanzaron un par de ciclistas y les pregunté que si sabían que había pasado, me dijeron que el sitio donde estaba el camión con el agua era la meta y que mucha gente ya no iba a seguir subiendo.

Continúe con ellos unos metros más y al ver que en mi reloj ya se acercaba la "hora cero" empecé a bajar el ritmo. Para que me entiendan, la "hora cero" era el momento en el cual, según mis estimaciones, debería iniciar el descenso para lograr llegar a Calarcá antes de que dieran vía a los vehículos y tractocamiones que estaba detenidos. No quería, con la carretera tan mojada, encontrarme con carros y camiones.

Estimo que me faltaron unos 4 kilómetros para llegar a la cima. Con el "guayabo" de no poder llegar arriba pero con la satisfacción de llegar hasta donde llegué, cerca de 17 kilómetros de los 21 planteados, empecé a bajar.

No se imaginan el frio bajando;  si en condiciones normales voy despacio bajando, imagínense con el clima que estaba haciendo. Con las manos entumidas y tembloroso,  apenas si podía controlar el manubrio. "No me dejo congelar, no me dejo congelar" me repetía una y otra vez como cuando era niño y recién salía del baño, esa era la frase que mi mamá me decía para lograr algo de calor.

Finalmente ya en Calarcá se siente ese calorcito agradable aunque el día sigue nublado, creo que son cerca de las 11 am. Se siente una gran satisfacción el poder cumplir con estos retos. A reclamar el refrigerio, un delicioso sánduche con jugo de fruta que sabe a perlas.

Luego a buscar a mi madre en medio de la algarabía de la plaza -quien fue mi compañía en esta aventura- y a esperar las tradicionales rifas de accesorios.

Y bueno, así termina esta experiencia de vida de mi primer ascenso en bici a uno de los puertos más duros de mi bello país, que dicho sea de paso, fue un tributo que quise rendir a mi padre ya fallecido, once meses antes, y que de estar con vida seguramente me hubiera acompañado como en tantas otras ocasiones.

sábado, 4 de junio de 2016

"Rodando" en bici por Bogotá

Corría el año 2008 cuando tomé una decisión clave en mi vida en ese momento: irme a trabajar a Bogotá. Hacía ya 3 años me había graduado de la universidad y llevaba trabajando unos 5 años en una empresa en mi ciudad natal Manizales.

Y bueno, todo se facilitó porqué llegué a vivir donde un compañero de la universidad, mi buen amigo Carlos quien vivía junto con su hermano Alex. Fue así entonces como en noviembre de 2008 inicié labores en la capital.

Poco a poco se va conociendo la ciudad, sus calles y carreras principales, vias y atajos. Sin pensarlo había llegado a una ciudad que tiene la distancia mas larga en kilómetros de ciclorrutas de Suramérica.

Luego de trabajar toda la semana, llegaba el fin de semana para descansar o disfrutar de los numerosos y variados planes que ofrece la capital. El plan "obligado" los domingos, como todo buen aficionado al deporte, era asistir a la ciclovía, que justo pasaba a unas pocas cuadras de mi lugar de residencia. Pero había una situación. No tenía bici en ese momento puesto que en el viaje a Bogotá no tenía planeado llevarla, por costos y por no "encartarme" con el envío, al menos no en un principio.

La ventaja de ser "multidisciplinario" (léase que me gustan varios deportes) me permitió adaptarme rápidamente, y aprovechaba las amplias calles de la ciclovía para hacer "running". El famoso mito de la altura, pues si, digamos que si afecta algo, pero uno se va adaptando a la altura y sobre todo, al clima, porque valga la aclaración, en Bogotá hace un frío "el berraco".

Y así fueron pasando los fines de semana. Hasta que un día, llegó una encomienda muy bien empacada. Oh sorpresa, cuando al desempacarla veo que es mi bici! Y no solo eso, sino que mi hermano la había "mandado" a pintar. La vi reluciente con ese azul rey, mi color favorito. Gracias familia! exclamé en ese momento de felicidad.

A partir de ese momento cambiaron los domingos para mi. Como a la llegada a Bogotá había comprado un mapa para conocer mejor la ciudad y había explorado como se distribuía la ciclovía a lo largo de la ciudad, ya tenía una idea de por donde transitar.

Fue asi como fui acumulando kilómetros y kilómetros de recorrido por la ciudad; y en ese andar se fueron gastando frenos, llantas, neumáticos... sufrí muchos "pinchazos", demasiados para mi gusto, pero eso daba cuenta de las rodadas dominicales.

Y bueno, ya después le va entrando a uno más la goma del ciclismo y se empieza uno a aperar del kit necesario: lo primero y más importante fue comprar el casco. Recuerdo que lo adquirí por $70 mil pesos, a un "pelao" que armaba su toldo, tanto de venta de artículos como taller de reparación, en la Séptima con 85. Marca Limar (italiana) aun lo conservo.
Después compré la camiseta y los guantes; estos los adquirí a un tipo que colgaba su mercancía cerca a un mirador en la subida al Alto de Patios. Por cierto ropa muy bonita y económica.

Finalmente, la protección para los ojos, y verse uno un poco mas "cool": las gafas deportivas. Don José, un tipo muy afable y cordial, ya entrado en años, también armaba su puesto de venta de gafas en la Séptima con 85, cerca a la salida para La Calera.
Cuando llegué a su puesto por primera vez, reconoció mi acento "extranjero" y desde allí me apodó "paisita". Si mal no recuerdo, durante mi estancia en Bogotá, le compré a Don Jose alrededor de 5 gafas diferentes, no por compulsividad, sino por necesidad: las gafas curiosamente se me quebraban en la pata derecha, cerca al punto de la cien. En un momento dudé de la calidad de los productos, y pues aunque no eran de marca, finalmente deduje que era la forma como las usaba junto con el casco.
Consejo: hay que usar las gafas de tal forma que la correa del casco quede por debajo de la pata de la gafa, con esto se evita que la correa presione la pata contra la cabeza y posiblemente se quiebre.

El ascenso al Alto de Patios, se puede considerar como el mas famoso en Bogotá; son cerca de 7 kilómetros "cuesta arriba", y los domingos se ven mas ciclistas que cualquier otra cosa.
La primera vez que realicé dicha subida tenía mucha expectativa; como no conocía que tan "dura" era, inicié el recorrido suavemente y disfrutando el paisaje, porque en ese ascenso se puede observar una gran parte de Bogotá y la vista realmente es agradable. Luego de unos kilómetros, pude alcanzar un grupo de unas 3 personas que iban subiendo a un ritmo similar al que yo llevaba, y bueno, aprovechando la situación me "pegué" atrás del grupo, como se dice "chupando rueda".
Y así, fui ascendiendo hasta llegar al Alto de Patios. Al llegar quedé sorprendido por la cantidad de ciclistas descansando, tomando algún refresco, comiendo fruta o simplemente contando historias; además de ver ciclistas de todas las edades, desde chicos hasta los más veteranos.

De ahí en adelante, dicho ascenso se convirtió en la tarea obligada de cada domingo. Ahora el reto era cronometrar el tiempo de la subida e intentar bajar los registros. Y fue muy divertido hacerlo, además que como meta personal era algo que daba satisfacción lograrlo. Al principio me tomaba unos 48 a 50 minutos, luego fui bajando a 45, creó que lo que más pude bajar fue a 42 minutos.

Y así fue como me la pasé "rodando" en bici por Bogotá.

jueves, 12 de mayo de 2016

Historia de la bicicleta (la mia, pues)

Y si. El ciclismo es uno de mis deportes favoritos (pues también practico natación y tenis de campo). Cada domingo, la mejor manera de empezar el día y la semana es practicando este lindo pero duro deporte.

Hace muchos años (más de 20 creo yo) mi familia mercaba en un supermercado en inmediaciones de lo que llamamos la galería, el supermercado La Cosecha (ya desaparecido). Allí, sus administradores como buenos paisas y en busca de conseguir mas clientes hacían constantes rifas de diferentes productos; para poder participar se tenía que "llenar" con los datos personales la tirilla de compra.

Un día, como de costumbre fuimos a mercar y "llenamos" la tirilla de compra con los datos de mi mamá. Licuadoras, Ollas a presión, Ollas arroceras, planchas, bicicletas!, hacían parte de los productos que se rifaban cada mes (o cada quincena, no recuerdo bien). Es así como un día recibimos una llamada del supermercado con la noticia de que mi mamá "era la feliz ganadora de una bicicleta todoterreno!".

Y como era de esperarse, el día de la entrega del premio, el animador o anunciador (todavía lo recuerdo, es más, estuvo como candidato al concejo en las pasadas elecciones) con micrófono en mano para que todo el supermercado escuchara, hacía la correspondiente pregunta de rigor: 
-"Cuéntenos, doña Victoria, qué se siente ganar este fabuloso premio?"
-"Muy feliz, muy contenta, esta muy bonito!" fue lo que atinó a decir mi querida madre.

Luego de la también foto de rigor (cuando aun se imprimían las fotos), éstas eran puestas en el muro de ganadores para que quedara la prueba fehaciente de que los premios sí eran entregados a la gente "con todas las de la ley".

Luego de que nos fue entregado el premio, el problema ahora fue conseguir un taxi que nos llevara hasta la casa con la bici. "No los puedo llevar", "No me cabe en el carro", eran las respuestas de los taxistas; hasta que por fin, uno de ellos se animó a transportarnos, no recuerdo como hicimos para acomodar la bici en el taxi, pero lo pudimos hacer.

La bici estuvo "parada" por mucho tiempo, porque por esa época no era mi interés montar en bicicleta; sinceramente me daba pánico salir a montar por estas empinadas calles, además que ya había sufrido algunos accidentes menores montando tiempo atrás.

Y bueno, poco a poco fui saliendo, me fui animando, le fui perdiendo el miedo. De esto hay una gran lección: la mejor manera de vencer los miedos es afrontándolos, para ganar confianza en sí mismo y poder romper las barreras mentales que uno mismo se impone.

Actualmente, esa misma bici es con la que hoy día salgo a "rodar" cada domingo, aunque de la original solo queda el marco, pues durante estos 20 añitos ha tocado cambiarle llantas, rines, frenos, pastillas, el plato, entre otros "gallitos"; mejor dicho, ha tocado irla actualizando. Y aunque me ha servido tanto, siempre he soñado con tener una bici de ruta, porque dicho sea de paso, me gusta más montar en ruta que en montaña.

Bueno, esta es la anecdótica historia de la bici (la mia, pues). En la próxima entrada les contaré la experiencia de rodar en Bogotá .

RRG